Meditando

 por Antonia Alfonsa Andrada

 

Con el tiempo aprendí que las cosas no se pueden cambiar, que sólo hay que aceptar. Que cualquier persona te puede fallar y que la decepción no mata, enseña.

 

No basta tener una hija, no alcanza cuando estas lejos de tu ser querido y en casa de extraños que me brindan lo que tendrían que brindarme a los que vi nacer y crecer dándoles todo, sin importar cuánto gastaba, colaboré hasta para hacer parte del techo donde viven, por lo que en parte es mi casa también, ya que una habitación fue hecha para mí por mi otra hija que ya no está para defenderme, pero no les importó.

 

Trabajaba todo el día para que tengan lo mejor, pero los años no perdonan, tampoco el egoísmo y el desamor, ya no puedo trabajar, estoy enferma, ya no puedo valerme por mi misma, no puedo caminar sola, necesito ayuda, dejaron de prestarme atención al punto de querer irme de ahí al ver el abandono. ¡Cuánto dolor!

 

Mi hija de Córdoba trataba de solucionarlo llevándome a otro lado que no sea un instituto. Es así que fui a una casa de familia donde me demuestran y me dan lo que necesito, lo que mis familiares dejaron de darme; cariño, atención y contención.

 

¡Se olvidaron de mi!, sin importar los sentimientos, lo que siento, ni siquiera con un saludo, aún vivo pero para ellos no existo, es una injusticia y una crueldad, tener familia tan cerca y que nunca me visiten, ni me llamen, ni pregunten como estoy.

 

Mi única hija está lejos ahora en la situación que estamos no puede venir, de todo se hace cargo la señora de la casa donde estoy, de hacerme la comida e invitarme a comer con ellos, limpiar mi cuarto, lavar mi ropa, de llamar al médico cuando me enfermo y de llevarme para hacerme los estudios que me piden, es gente muy buena.

 

¿Para qué me preocupe tanto por ellos? ¿Para qué les di tanto?  Si hasta último momento me sacaban plata prestada que nunca devolvían. Creo haber sembrado lo suficiente, pero lamentablemente tuve una mala cosecha.

 

Apenas podía mantenerme en pie, ya no podía cocinar porque corría peligro, ellos tampoco me daban un plato de comida, tuve que contratar una vianda que cuando me la traían no eran capaces de acercármelo hasta mi habitación, yo como podía y con mi bastón de apoyo, peligrando de caerme cruzaba el patio para ir a la puerta de calle a recibir mi alimento y volverme hasta mi lugar sin que me brinden ayuda, eso dolía hasta las lágrimas, porque los vi cuando empezaban a caminar y los protegía para que no se cayeran, no les faltaba que comer, no les faltaba lo que querían, yo colaboraba en todo, se olvidaron, ahora yo necesito ese apoyo, una mano para sentirme segura, un abrazo, una muestra de cariño, sentirme querida, pero no me ven, ¡Soy invisible!

Yo, su abuelita

 
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A Mi Madre

22/05/2021 00:47:33